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Fecha de publicación del artículo 11.06.2010

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Prueba: Mazda RX-8

Confianza ciega

Gracias al motor Wankel, el Mazda RX-8 es un virtuoso del que algún que otro fanático de la técnica se ha enamorado perdidamente. Sin embargo, en última instancia su exótica propulsión no ofrece casi ventajas sustanciales, sino que más bien su principio de pistón giratorio aumenta enormemente su consumo. En este sentido, nosotros nos preguntamos si esta manía por los motores Wankel deportivos puede empujar a los conductores a confiar ciegamente en ellos.

Mazda tiene la intención de presentar la versión definitiva del RX-8 antes de finales de 2010. A finales de 2009, ya en la recta final de su existencia, este icono de Wankel fue sometido a una pequeña revisión y el abanico de ofertas se vio reducido a la versión superior de 231 CV y equipamiento completo.

Un nuevo faldón delantero con faros bixénon perfeccionados, una toma de aire más grande, unos faros antiniebla más elegantes, intermitentes laterales en las aletas delanteras, un rebajado del chasis, taloneras, spoiler trasero y luces traseras tipo LED hacen que, al menos en la comparación directa, su predecesor resulte algo anticuado y con una estética menos potente. Al modelo de 2010 hay que añadir unas llantas de aluminio de 19" en gris oscuro que, junto con el lacado metálico en rojo Tornado, sólo dejan una conclusión clara: este Mazda de 1,34 metros de altura es un deportivo impecable. Mezclado entre el tráfico de la ciudad, este cuatro puertas tuneado de fábrica sí despierta una cierta atención.

El habitáculo, al que se continúa accediendo a través de puertas que se abren en sentido contrario, también presenta un aspecto deportivo. Junto con el nuevo volante de tres radios, los asientos Recaro de cuero ofrecen una sujeción lateral sensacional, aunque no son realmente aptos para largas distancias.

Un giro tras otro

La palabra «revoluciones» es probablemente el término de referencia del RX-8. En el morro de este singular vehículo de casi 4,50 metros de longitud sus dos pistones giratorios describen círculos rápidos e infinitos. Además, la sensación que transmite el motor no es la de un motor tradicional de 1,3 litros de cilindrada. No obstante, sus nada despreciables 231 CV no estarán a disposición del conductor, sin la ayuda de ningún turbo o compresor, hasta pasadas las 8.000 vueltas, mientras que el par máximo de 211 Nm se desarrolla a las 5.500 revoluciones. Sin embargo, para los conductores adictos a la deportividad, unas revoluciones elevadas son sinónimo de grandes prestaciones.

A pesar de la tendencia del RX-8 a las altas revoluciones, si se quiere también se puede conducir de forma suave y a bajas revoluciones. Si pisamos el pedal del acelerador de forma adecuada, el corazón salvaje que se esconde debajo de su capó comenzará a latir de forma alocada y desarrollará todo su potencial. Su motor ávido de revoluciones traslada toda la fuerza al eje trasero y, pese a su diferencial de bloqueo y al ESP de serie, es capaz de hacer bailar la zaga si el conductor así lo desea. Los pilotos más expertos sabrán sacarle el máximo provecho a esta configuración.

Las cifras de Mazda y nuestras mediciones

Según nuestras mediciones, el impulso del RX-8 tampoco resulta en definitiva tan impresionante como cabría esperar después de ver las cifras publicadas por Mazda. En lugar de los 6,4 segundos de tiempo de aceleración, nuestras mediciones arrojaron un resultado de 7 segundos. Sin embargo, sí es posible alcanzar la velocidad máxima de 234 km/h, aunque para ello se necesita una aceleración más larga. De todas maneras, si tenemos en cuenta el desmesurado consumo del vehículo, uno tiene mucho cuidado de alcanzar esa velocidad. Incluso conduciendo de forma económica –en términos de combustible–, se han de calcular al menos doce litros a los 100 km, aunque en el día a día una cifra más realista serían los 14 litros. Algo que también resulta extraordinariamente elevado es el consumo de aceite del motor Wankel. La recomendación de la casa Mazda es comprobar el nivel de aceite cada 1.000 kilómetros y, si es necesario, rellenar el depósito con aceite del tipo 5W-30, algo que no resulta especialmente barato.

Sin embargo, para recorridos de mayor distancia el RX-8 tampoco resulta un compañero de viaje agradable aunque por otros motivos. La acústica general, los asientos duros, el chasis rígido, las numerosas paradas para repostar, etc. Si lo pensamos detenidamente, el territorio del RX-8 son las curvas rápidas. En este caso, el problema del consumo se puede interpretar como un «despilfarro de gasolina a gusto del consumidor», un estilo de conducción en el que tanto el dinero como el medio ambiente quedan más bien en un segundo plano.

En cualquier caso, las condiciones de las que partimos para poder llevar a la práctica este modo de diversión son excelentes. Un comportamiento en carretera excepcional con una distribución paritaria de las cargas entre los ejes, una dirección neutral y libre de influencias por parte de la propulsión, unos frenos con un agarre óptimo, un peso de tan sólo 1,3 toneladas y un motor al que le gusta revolucionarse. Gracias a todo esto, el RX-8 entusiasmará a los amigos de la dinámica de conducción. Y, por si fuera poco, el trazado de las curvas viene acompañado de un sonido rotundo y adecuado al tipo de vehículo que estamos tratando.

Amplio equipamiento

Además de toda la deportividad que rezuma el RX-8, Mazda ha equipado a este bólido con un buen abanico de componentes orientados al uso diario. Al fin y al cabo, se trata de un vehículo de cuatro plazas, aunque algo estrechas, con cuatro puertas de acceso y que, por si fuera poco, también ofrece 300 l de capacidad en su maletero. Además, el equipamiento de serie cuenta con climatizador, seis airbags, soporte Isofix, sensores de luz y lluvia, sistema de sonido Bose, Tempomat, elevalunas eléctricos e incluso pintura metalizada. Con todos estos extras, su precio de aproximadamente 38.000 euros nos resulta sumamente interesante.

Por otro lado, un VW Golf R, aunque no puede competir con la fascinación del motor Wankel, sí ofrece un rendimiento considerablemente mejor con un consumo claramente inferior. Por el precio del RX-8 podríamos hacernos incluso con el Golf en su variante de cuatro puertas y con DSG. De todos modos, la tracción integral permanente viene de serie.

Conclusión

Frescura, carácter, fascinación deportiva, equipamiento completo y un motor Wankel como colofón técnico de carácter exclusivo son algunas de las características que hacen que el RX-8 sea capaz de ofrecer momentos inigualables. Sin embargo, si los posibles compradores lo piensan fríamente se darán cuenta de que el excesivo consumo del RX-8 supone un obstáculo a la hora de decantarse por él y comenzarán a buscar un deportivo algo más convencional en términos de propulsión.  Sin embargo, no por ello este deportivo deja de ser sumamente atractivo.

*Los datos sobre equipamiento y precio son válidos exclusivamente para el mercado alemán