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Fecha de publicación del artículo 19.12.2012

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Presentación: Subaru Outback 2.5 Bi-Fuel

Fiel a su esencia

Con frecuencia comentamos en estas páginas que casi todos los todocaminos modernos parecen cortados por el mismo patrón. Afortunadamente, Subaru sigue fiel a sus diferencias, que en este caso constituyen una larga lista: motor bóxer, disposición longitudinal, tracción total permanente, cambio automático de relaciones continuamente variables, suspensión trasera autonivelable y, lo más importante, alimentación mediante gas licuado de petróleo. ¿Se equivoca Subaru o lo hace el resto del mundo?

Cuando el Subaru Outback Bi-Fuel llegó a la redacción, no tardamos en apodarlo cariñosamente como "perro verde", dado su conjunto de singularidades. Pero ser diferente no significa ser peor, y este todocamino es el ejemplo perfecto de cómo es posible fabricar automóviles con soluciones de ingeniería tan poco convencionales como acertadas.

Este Outback se fabrica en Ota, una ciudad industrial situada 80 kilómetros al noroeste de Tokio (Japón) y realiza una travesía por barco hasta el puerto de Barcelona, desde donde se traslada en camión a las instalaciones de Ferrosite, en la localidad cántabra de Renedo de Piélagos. Allí, antes de matricularse, se monta el nuevo sistema de alimentación a GLP y, paralelamente, se da formación a los mecánicos de la red de Subaru para que puedan prestar asistencia técnica y realizar el mantenimiento del sistema. Una vez que sale del concesionario, lo único que delata exteriormente que se trata de un vehículo alimentado de forma indistinta por gasolina sin plomo o por una mezcla de gas butano y propano es la inscripción Bi-Fuel en el portón. Y, a la hora de conducirlo, tampoco hay diferencias significativas.

Funciona igual que con gasolina

Cuando accedemos al interior, lo único extraño es un minúsculo pulsador negro rodeado por cinco LEDs. Giramos la llave y el Outback arranca normalmente. Al cabo de un par de minutos –cuando la temperatura del agua del motor supera los 50º– la centralita del GLP toma el control y ordena a sus inyectores que empiecen a suministrar gas a la precámara de combustión al tiempo que desconecta la centralita de gasolina. Cuatro de los LEDs que permanecían apagados se encienden, mostrando que el depósito toroidal de gas se encuentra lleno. A medida que pasan los kilómetros, estos LEDs van apagándose progresivamente mientras vemos con asombro cómo la aguja del nivel del depósito de gasolina permanece quieta. Aproximadamente después de recorrer 500 kilómetros con total normalidad, el LED que indica que nos queda un cuarto de depósito de gas comienza a parpadear –entramos en la reserva– y, 100 kilómetros más tarde, se apaga a la vez que un pitido nos avisa de que se ha conmutado la alimentación y ahora circulamos usando gasolina.

A la hora de repostar gas, la única complicación proviene de la boquilla que debemos atornillar con fuerza con la mano para que su junta tórica logre la estanqueidad necesaria. Es recomendable llevar pañuelos de papel o un trapo viejo para ayudarse, ya que esta boquilla suele quedar ligeramente engrasada tras el repostaje. A cambio de este pequeño inconveniente, tendremos entre 400 y 700 kilómetros de autonomía por unos 35 euros, mientras que, por esos mismos 35 euros gastados en gasolina, no podríamos recorrer más de 400 kilómetros, en el mejor de los casos. Así, amortizar los 2.500 euros extra que cuesta el Outback Bi-Fuel respecto al 2.5 normal llevará no más de 65.000 kilómetros. Pero, si tienes dudas, puedes ahorrarte los 2.500 euros y convertir tu Outback más adelante; el coste será similar.

Por lo demás, este Subaru es exactamente igual que el modelo “convencional” de gasolina. Su sistema motriz garantiza la tracción en campo, pero el cambio CVT está orientado –como prácticamente todo el vehículo– a favorecer el confort y el consumo antes que las prestaciones off-road y on-road. La puesta a punto del bastidor también está pensada para realizar largos viajes con la mayor comodidad, incluidos sus fabulosos amortiguadores traseros autonivelantes Tokiko.

Conclusión

Desde el punto de vista económico, el Outback Bi-Fuel es recomendable, ya que se amortiza en 65.000 kilómetros respecto a la versión de gasolina y en 160.000 respecto al diésel. Desde el punto de vista off-road, la pérdida de la rueda de repuesto nos hace preferir los otros motores.