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Fecha de publicación del artículo 11.01.2018

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Primer contacto: Renault Alpine A110

¡Mucho cuidado, Porsche!

Nunca se ha sabido si Jean Rédélé y Ferdinand Porsche se han conocido en algún momento de sus vidas. No obstante, ambos han debido ser hermanos ‘espirituales’. Rédélé, hijo de un importante vendedor de coches Renault, era un experto piloto y conocía todos los detalles que hacen grandes a los coches deportivos, y en general estaba desencantado con lo que su padre tenía expuesto en el escaparate de su negocio. Así, en 1955, decidió construir él mismo un coche y le dio – probablemente por falta de ideas – el nombre de Alpine.

Si Rédélé tuviera menos talento como analista del mercado que detrás del volante la historia habría acabado aquí. Pero no. En unos pocos años, Alpine se convirtió en una de las marcas más prestigiosas de Francia y en 1962 presentó el primer A110, con el que entró por la puerta grande en los libros de historia de la automoción. Un coche deportivo, bonito, y sensual como pocos lo habían conseguido ser hasta la fecha. Y, además, un coche de éxito. El A110 consiguió participar en LeMans e incluso ganó el Campeonato del Mundo de Rallys. Éxitos que finalmente convencieron a Renault para vender esta marca en sus concesionarios. Antes de esto, la marca no mostró demasiado interés por cooperar, así que de alguna manera podemos decir que los del rombo tuvieron que ‘tragarse el orgullo’.

Simple, pero desafiante

Quién sabe, pero aquella adquisición por parte de Renault puede que fuera el principio del fin. El hecho es que el A310, sucesor del A110 y también construido por Rédélé, evolucionó hacia un nuevo diseño que se convirtió en el best-seller de la marca, pero a partir de ahí, las ventas cayeron en picado hasta 1995, año en el que el último modelo A610 dejó de producirse en la fábrica de Dieppe.

Con este alto en el camino, el sueño volvía a producirse. Durante 22 años, Renault no ha renunciado a ingenieros, diseñadores y ‘marketers’ con el objetivo de devolver a la vida a la marca Alpine. Todos han trabajado sin descanso para la marca, trazando planes, bocetos y discutiendo sobre la mejor manera de dar forma a algo tan legendario. Hasta hoy. Desde principios de 2018, el nuevo A110 vuelve a rodar por las carreteras.

Vaya por delante que esta nueva edición no sigue en nada las especificaciones del modelo original. El A110 moderno debía ser, antes de su concepción, un coche ligero y bonito. Realmente cautivador y tan bonito como el original. Aunque se quiso hacer algo totalmente nuevo, no se pudo renunciar a cosas tan carismáticas como el frontal de cuatro ópticas, la silueta plana en su vista lateral o su zaga baja y estrecha.

Los nuevos requerimientos de las pruebas de choque y de la protección de peatones no se lo han puesto fácil a los responsables de desarrollo de este producto, pero los franceses se han enfrentado a todos los retos y los han superado con éxito. Ahora tenemos delante, bajo un sol radiante en el mes de diciembre, a una preciosa unidad del A110 pintada en azul brillante. Su aspecto, con unas dimensiones compactas y deportivas, encuentra similitudes con su antecesor y también con otras marcas (las luces traseras recuerdan poderosamente a Aston Martin), pero por encima de todo, estamos ante una construcción detallista y de mucha calidad.

Podríamos estar contemplando este coche durante horas. Podríamos analizar cada ángulo de la carrocería, perderme en mil puertos de montaña y, diez horas después, irme a la cama para soñar con él. No obstante, no todo es felicidad, ya que para acceder al coche se utiliza la misma llave que para abrir el viejo Espace, lo cual te saca rápidamente del ‘sueño mágico’. Pero tampoco vamos a darle más importancia. Al fin y al cabo, sin esa llave nunca podremos dar rienda suelta al nuevo Alpine.

Hay otra cosa más que puede desilusionar a los más fanáticos. El puesto de conducción se ha diseñado con mucho gusto, es totalmente digital y el centro de la consola cuenta con un display táctil que encaja perfectamente en el diseño del habitáculo. Sin embargo, las dimensiones del coche (4,1 metros de largo y 2,4 metros de batalla), no son compatibles con los conductores más corpulentos. En la versión de lanzamiento, Premiére Edition, el asiento del conductor ni siquiera ofrece regulación en altura, tan solo hacia delante y hacia atrás.

Cualquier incomodidad a los mandos del Alpine A110 es mucho menor que el placer que proporciona hacer un par de vueltas en circuito. Así que nos encajamos bien en el asiento, apretamos el botón rojo de encendido del motor en el propio volante y colocamos la palanca de cambios automática (doble embrague, siete marchas) en la posición D.

A lo largo de nuestro tiempo de prueba, pudimos comprobar la efectividad de los programas de conducción Normal, Sport y Track, los cuales no modifican solo la dureza de la amortiguación, la precisión de la dirección o la intrusividad del control de estabilidad, sino también la cantidad de información que se pone a disposición del conductor en la consola central.  

Rápido gracias a una construcción ligera

El mejor modo de olvidarme de los dolores de rodilla o de llevar la espalda algo molesta es despertar el motor 1.8 de cuatro cilindros con 252 cv de potencia, el cual cuenta con 320 Nm de par que aplica directamente a las ruedas traseras. Suena como un trueno, especialmente en la salida desde parado, donde consigue hacer un 0 a 100 km/h en tan solo 4.5 segundos.

¿Cómo ha podido conseguir Alpine una aceleración tan salvaje? Es simple, todo se debe al ligerísimo peso del conjunto. 1.178 kilos son muy pocos kilos para un coche como este. Concretamente son 300 kilos menos de los que tiene un Porsche 718 Cayman, un coche que a pesar de sus 300 cv de potencia consigue acelerar dos décimas más despacio que este Alpine.

Por tanto, en recta la batalla tiene un claro ganador. Pero, ¿y en curva? ¿podría seguir el ritmo el Cayman a este francés? La respuesta es que sí. Después de todo, Porsche no se ocupa solo de ser el más rápido o llegar el primero, sino de ofrecer el mejor control sobre el vehículo, por muy al límite que vayamos.

Y luego está el tema del precio, donde el Alpine tampoco es claro vencedor por raro que parezca. Con un precio de partida de 61.500 euros, la versión A110 Prémiere Edition cuesta aproximadamente 3.000 euros más que el Cayman más barato. Independientemente de la diferencia de calidades interiores y de equipamiento de serie incluido, resulta difícil pensar que – una vez planteada la duda en la decisión de compra entre estos dos coches - haya muchos compradores que vayan a decantarse por un coche menos potente y más caro al mismo tiempo. En cualquier caso, la obra de arte traída de la mano de Renault es digna de los mejores elogios.