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Fecha de publicación del artículo 08.11.2018

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Prueba: MINI Cooper S 5 puertas

Historia viva

A punto de cumplir sesenta años de vida, los MINI actuales desprenden frescura y diversión. Cualidades a las que ahora se une la personalización al gusto de cada cliente. Nosotros hemos probado la versión más potente de gama, el Cooper S de 192 CV, asociada al inédito cambio automático de siete relaciones.

Icono de la automoción, la resurrección de MINI por parte de BMW en el año 2001 creo división de opiniones. No obstante, tras casi más de tres lustros, la firma inglesa ha sabido recuperar el cariño de aquellos conductores más puristas.

Trabajo les ha costado, pero los frutos están ahí. Durante el año pasado, la británica no solo cosechó sus mejores resultados, sino que durante este 2018 los superarán con creces. Nuevos actores han surgido en la escena, como el Countryman PHEV pero su esencia se mantiene gracias, como siempre, al MINI original.

Ficha Técnica MINI Cooper S 5 puertas Auto.

Un modelo que, no obstante, también se modernizó acorde a los nuevos tiempos. No solo en lo que a aspecto o tamaño se refiere, sino también en funcionalidad. Así es como en 2014 surgió el primer MINI 5 puertas de la historia. Hoy, dicha carrocería es una de las más demandadas por los clientes ya que al diseño desenfadado que caracteriza al modelo, se une ese toque práctico de las cinco puertas.

Plena madurez

Muchas cosas han cambiado en estos más de 15 años de vida del nuevo modelo. Quien tenga la oportunidad de poseer un MINI de ‘primera’ generación y lo compare con este, verá que en lo referente al diseño la esencia se mantiene, pero en lo que respecta al confort la generación que traemos hoy en esta prueba nada tiene que ver.

Los primeros MINI hacían gala de un rodar más duro, seco y, en determinadas ocasiones, incómodo. Ideal para los amantes de los tramos virados, el día a día se hacía algo más pesado para quienes buscaban un coche pintón pero sin demasiadas aspiraciones deportivas. Sin embargo, el Cooper S que tienes ante tus ojos ha cambiado por completo y ahora sirve para contentar a ambos tipos de conductor.

Así lo hemos comprobado durante nuestra exhaustiva prueba. Con más de 500 km realizados por todo tipo de vías, solo le podemos sacar un pero, el espacio para el maletero. Los 278 litros iniciales se nos antojan algo justos para afrontar un viaje acompañado de otros tres adultos (no intentes meter un quinto para largos trayectos, te odiará para siempre) y sus respectivos equipajes.

Por lo demás, nada que reseñar negativo. Los 192 CV generados por el bloque 2.0 turbo de cuatro cilindros son incluso demasiados si circulamos con nuestros pensamientos, moviendo los 4 metros de carrocería y 1.340 kg con una soltura envidiable por otros muchos rivales. Cierto es que el esquema de suspensiones sigue siendo algo más duro sin lo comparamos con los Audi A1 Sportback o Volkswagen Polo, pero esta circunstancia la transforma en ventajosa cuando le sacamos al que para muchos es su terreno natural: la carretera de montaña.

Nueva transmisión

Antes de adentrarnos en él, colocamos el selecto de modos de conducción en el programa Sport. Este simple gesto viene acompañado de un cambio de carácter, sobre todo si venimos del programa Green, enfocado a priorizar el consumo. Al cambiar y dar el primer acelerón, esa mala leche que atesora el bloque desarrollado por BMW reluce.

Un carácter que, de manera increíble, nos catapulta desde solo las 1.350 rpm, régimen al que ya aparecen los 280 Nm de par generados y que se mantienen constantes hasta más allá de las 4.500 vueltas. Sencillamente increíble. En la práctica esto se traduce en un rendimiento constante casi desde que arrancamos, pues los 192 CV antes mencionados aparecen a las 5.000 vueltas, llegando casi a las 6.000 y dejándole respirar hasta las 6.400 rpm que es cuando entra el corte.

Un empuje que, en esta ocasión, goza de un nuevo aliado: la caja de cambios automática de doble embrague y siete relaciones. Bautizada también como Steptronic (hay otra con ocho disponible para el Cooper SD y para el próximo John Cooper Works), destaca por su inmediata respuesta y por su perfecto escalonamiento de las relaciones. Para los más atrevidos, la posición secuencial se acompaña de dos levas tras el volante que nos permitirán juguetear con el MINI Cooper S en tramos más serpenteantes.

El tránsito entre relaciones es imperceptible aunque si nos lo proponemos, gracias al maravilloso empuje del bloque, podemos afrontar el tramo con la tercera metida y engranar cuarta, quinta o sexta cuando veamos que se acerca una recta. Pero nada de esto valdría de nada si nuestro MINI no mantuviera una de sus grandes cualidades: el chasis.

Optimizado tras el anuncio de la segunda generación, sigue sobresaliendo por la facilidad de uso en circunstancias donde otros ven sufrimiento. Una dirección directa y precisa así como unos frenos resistentes a la fatiga completan un conjunto que sigue enamorando.

Llama la atención

Como buen MINI, el Cooper S no pasa desapercibido. Ya lo comprobamos en la presentación a la que asistimos hace unos meses en Madrid, donde el utilitario británico sigue manteniendo esa condición de gira cuellos con la que fue reconcebido. Más aún si entre los múltiples elementos de personalización sumamos este llamativo e inédito color de carrocería Solaris Orange acompañado del techo en negro y de los vinilos en el capó en mismo color.

Un conjunto que, en esta versión en concreto, resulta más llamativo, gracias sobre todo a los detalles deportivos como a doble salida de escape central, las llantas al estilo John Cooper Works, el alerón posterior, la toma de aire en el capó, los paragolpes específicos con mayor volumen o la rejilla delantera en negro con el siempre cautivador logo S de la versión.  

Detalles que, en esta actualización se acompañan de elementos mucho más sugerentes como los faros delanteros matriciales, el diseño de las luces diurnas traseras representando la bandera Union Jack británica, las nuevas luces LED diurnas con intermitente integrado o la nueva paleta de personalización que aparece bajo el nuevo programa MINI Yours Customized y en la que el cliente puede diseñar las carcasas de los retrovisores, la luz que quiere que se proyecte de ellos al abrir las puertas, el umbral de las mismas o el panel frontal del salpicadero situado frente al copiloto.

Más ordenado

Ya que mencionamos el interior, decir que este también ha recibido ciertos retoques, tales como el nuevo indicador de combustible situado a la derecha (visual) del cuadro de instrumentos, la reubicación del comando que permite variar los programas de conducción (que pasa de estar en la propia palanca a estar en la consola central) o la conectividad.

En efecto, la pantalla de 6,5 pulgadas integra ahora la función táctil, la sincronización para Apple CarPlay o nuevas funciones de MINI Connected como la meteorología en tiempo real, los avisos del tráfico, el acceso a noticias… Además se añade una nueva superficie de carga inalámbrica o un mayor número de puertos USB para mejorar la conexión de sus ocupantes.

Exclusivo, no cabe duda

En definitiva, MINI consigue lo que pocos fabricantes se proponen, mantener un producto con la misma esencia del primer día pero con los puntos necesarios de mejora para consolidarse en este difícil mercado. Ahora bien, hay que ser claros y aunque la gama MINI arranca en unos razonables 21.100 € para la carrocería de cinco puertas, lo cierto es que quien quiera optar por la versión Cooper S tendrá que preparar 30.100 €.

Pero ahí no queda la cosa, ya que como buena marca Premium y, además, como marca que prioriza la personalización por encima de otras cualidades, para conseguir la unidad que ilustra estas líneas el cliente deberá preparar otros 16.000 € adicionales (casi lo mismo que cuesta un MINI One de 3 puertas). Un precio que se nos antoja demasiado elevado para un coche de 4 metros, cuatro plazas y un maletero algo justo. Pero quien prefiera optar por otro vehículo incluso de gama superior jamás podrá enorgullecerse de poseer un modelo tan icónico y distintivo como lo es este MINI Cooper S.