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Galería: Prueba Mini Clubman

Prueba: Mini Clubman

De "mini" nada de nada

13.10.2016

La firma inglesa propone la carrocería más grande jamás fabricada que vuelve a recaer sobre una nomenclatura que espera, esta vez, ser más popular. Así, el Clubman moderniza su estética, amplía su habitáculo y mejora su comportamiento dinámico. Un hecho, este último que logra gracias a la versión más potente de todas, el Cooper S con su motor de gasolina 2.0 TwinTurbo de 192 CV. ¿Nos acompañas? Hay sitio de sobra.

Atrás queda el tiempo en el que hablar del Mini era hacerlo del vehículo más pequeño del mercado, gracias a sus poco más de 3 metros de largo que le convertían en el perfecto ratonero de las ciudades. Sin embargo, con la llegada del nuevo siglo y, sobre todo, con la adhesión del Grupo BMW a las operaciones de la marca inglesa, su concepto varió por completo.

Los nuevos Mini ya no hacían alusión a su nombre pues su longitud creció hasta los 3,65 metros. Un hecho que hizo saltar las alarmas entre los más puristas de la marca quienes veían cómo el producto perdía toda su esencia. Pero la gota que colmó el vaso ocurrió en 2007 cuando la firma inglesa decidió apostar por la carrocería Clubman. Con ella, Mini recuperaba aquel modelo de 1969. Al igual que en aquella época, la marca inglesa trató de modernizar la imagen de su vehículo y, al igual que en aquella época, el fracaso fue rotundo. De hecho, el primer Mini Clubman únicamente estuvo a la venta una década, dejándose de fabricar a principios de los 80.

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A la tercera…

En cambio, como bien reza el dicho popular “a la tercera va la vencida”, y la firma inglesa ha vuelto a confiar en una carrocería que, en la última generación, no le ha dado demasiadas alegrías. Ahora bien, rectificar es de sabios y el fabricante británico ha sabido corregir todos los defectos que presentaba aquél Mini Clubman de 2007.

Esto es un hecho tangible y palpable que se comprueba nada más situarse frente a él. Puede que fuera porque nuestra unidad correspondía con la más potente de todas, el Cooper S, a la que se añade el característico color ‘Blazing Red’ -600 euros- con el techo negro y las franjas negras -125 euros- características de la versión John Cooper Works…, pero lo cierto es que este nuevo Mini Clubman pinta pero que muy bien.

Galería: Prueba Mini Clubman

En estos años, he tenido la suerte de ponerme al volante de los dos nuevos Clubman y lo cierto es que la evolución es palpable. El protagonista que tengo ante mí sí parece un coche y no una especie de semifurgoneta ‘raruna’ con cuatro puertas y media. En efecto, he dicho cuatro puertas y media porque así estaba configurado el anterior Clubman. Además de las dos delanteras y las dos traseras –en las que más adelante entraremos- contaba con otra más pequeña situada en la zona derecha del coche que solo se podía abrir cuando lo hacía la del copiloto. A priori parecía una solución muy práctica ya que la apertura se realizaba hacia el sentido contrario –modelos como el Mazda RX-8 también la empleaban- pero la realidad fue bien distinta pues no aportaba ese punto de practicidad y, además, afeaba su diseño.

Toque diferenciador

En esta nueva generación, esa mini puerta ha desaparecido y si ahora queremos acceder a los asientos traseros no solo podremos hacerlo por cualquiera de los dos lados, sino que será a través de una puerta ‘normal’. De hecho, la vista lateral del Mini Clubman se parece mucho a la de la carrocería de cinco puertas… hasta que uno llega al pilar C. A partir de ahí la cosa comienza a cambiar y es al ponernos ‘cara con culo’ cuando apreciamos ese toque diferenciador.

Galería: Prueba Mini ClubmanY es que el Clubman se mantiene fiel a sus orígenes al dejar intacto el doble portón trasero al estilo furgoneta. Eso sí, frente a su precursor, los diseñadores parecen haber sacado todo su ingenio para que no desentone. De hecho, se integra bastante bien y le han incluido una apertura de manos libres que se activa pasando el pie por debajo del parachoques.

Para acceder al maletero primero deberemos abrir la puerta derecha y a continuación la izquierda. Su apertura es sencilla ya que solo hay que pulsar el botón situado dentro del manillar para que estas se abran de forma suave gracias al amortiguador hidráulico que montan. Como decimos es una solución que puede resultar práctica siempre y cuando tengamos un gran perímetro de aparcamiento o si entramos en un parking subterráneo con el techo muy bajo.

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En cambio, si lo dejamos muy pegado al de atrás nos será casi imposible abrirlas por completo… a no ser que no nos importe rallar el capó del vecino. Si hemos conseguido abrirlas por completo, tendremos acceso a un maletero de 360 litros –contando el doble fondo-, 100 litros más que el anterior y 88 más que el 5 puertas. Un valor muy a tener en cuenta dado que le sitúa en la media de su segmento, donde modelos como el VW Golf o el Audi A3 se mueven entorno a los 380 litros.

Amplitud y vistosidad a partes iguales

Vamos avanzando hacia delante. Aunque la silueta exterior nos recuerde ligeramente al del Mini 5 puertas, lo cierto es que ambos vehículos emplean plataformas distintas. Mientras que el primero se sustenta sobre la UKL1, nuestro protagonista utiliza la UKL2, es decir, la misma que el BMW Serie 2 Active Tourer. Ello, además de otorgarle la carrocería más grande jamás fabricada por la marca inglesa, estamos ante un coche de 4,25 metros de largo, nos da para entender por qué los pasajeros traseros gozan de una mayor amplitud.

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Circunstancia a la que también ayuda una distancia entre ejes de 2,67 metros, así como una anchura y una altura de 1,80 y 1,44 metros, respectivamente. De hecho, en comparación con el Mini 5p, el Clubman tiene 103 mm más de batalla, 73 más de anchura y 16 más de altura. Gracias a ello, adultos que midan menos de 1,84 metros de altura se podrán acomodar sin problema al gozar de un buen espacio tanto para las piernas como para la cabeza. Eso sí, como en la mayoría de vehículos de su tamaño, dos irán más holgados que tres.

Como un avión

Si damos un paso más hacia el frente, nos encontraremos de lleno sentados en su zona delantera con un ambiente mezcla de modernidad y antigüedad. Al igual que ya ocurría en su predecesor, destacan los pulsadores al estilo ‘avión’ que, con su toque cromado, le dan ese toque distintivo. También se mantienen las dos esferas circulares, una más grande colocada en posición central y otra más pequeña situada tras el volante.

Galería: Prueba Mini Clubman

La diferencia de este Clubman con su precursor, y de todos los Mini de esta generación con respecto a los anteriores, es que la circunferencia central ya no incluye el velocímetro, sino que este se ha trasladado a la más pequeña. En consecuencia, el cuentarrevoluciones se ha tenido que ‘desplazar’ hacia la izquierda. Así, la más grande es ahora el lugar en el que se ubica la pantalla de 8,8 pulgadas –de serie viene con una de 6,5- a través de la cual se puede visualizar tanto el navegador como el sistema multimedia. Para manejarla hay que usar un mando colocado entre los dos asientos, con una colocación de los botones idéntica a la del mando iDrive de BMW. Además, el mando giratorio puede tener una superficie táctil para la introducción de cifras y letras.

Pero más allá de estos pequeños cambios ‘retromodernos’, lo cierto es que si no miramos para atrás, lugar en el que además no veremos demasiado a causa de la estrecha luneta trasera, podríamos estar ante un Mini como los de toda la vida. Y es que si hay algo en lo que se ha esforzado BMW –no, no nos hemos equivocado de marca- es en mantener la esencia de este modelo.

Un kart para diario

Ya que hablamos de conducir, como te hemos mencionado al principio de esta prueba nuestra unidad correspondía a la que lleva inscrita el nombre de Cooper S, es decir, la más potente de todas las que actualmente se ponen a la venta –más adelante se espera la llegada de la versión John Cooper Works-. Por consiguiente, bajo el capó de nuestra unidad se encontraba el motor de gasolina de cuatro cilindros, turboalimentado y con 2.0 litros de cilindrada que genera nada menos que 192 CV.

Galería: Prueba Mini Clubman

Un bloque que despierta todos los sentidos desde el momento en el que se conecta. Solo hace falta hundir un poco el pie en el acelerador para comprobar que la bestia se encuentra en letargo. Para que te hagas una idea, la ficha técnica ya nos alerta que estamos ante un pura sangre pues anuncia una aceleración de 0 a 100 km/h de 7,2 segundos y una velocidad punta de 228 km/h. En comparación con el Mini 5 puertas es algo más lento, pero también es porque es más pesado, 140 kilos para ser más exactos.

Sin embargo, esa diferencia no se aprecia una vez nos ponemos ‘manos a la obra’. Lo primero que uno nota con este nuevo Clubman es que está subido a un Mini. Y aunque parezca una redundancia, lo decimos porque con la generación anterior, esa impresión se diluía. Todo lo contrario que nuestro protagonista. Es un martillo pilón desde el principio, duro y tosco pero con muchas ganas de marcha.

Galería: Prueba Mini Clubman

Para gestionar mejor nuestras emociones, cuenta con un selector de modos con tres programas: ‘Green’, para hacer una conducción eficiente; ‘MID’, con una gestión media de todos los parámetros; y ‘Sport’, que como nos avisa la pantalla central es el “Go-Kart feeling máximo”. Como es obvio, este último es el que hemos elegido. Inmediatamente notamos como todo se endurece… ¡más todavía! Y que las reacciones son mucho más directas, nerviosas incluso; las tres primeras relaciones se suceden con rapidez, primero, porque Mini ha acortado las marchas para hacer frente al lastre de peso antes comentado, y segundo, porque enseguida ganamos velocidad.

El empuje es excelente desde un régimen cercano a las 1.000 vueltas lo que nos permite olvidarnos de la palanca de cambios cuando acometemos una zona revirada. Las enlazadas son rápidas y solo si vamos un poco más al límite, notamos cómo el chasis sufre algo más de la cuenta. La dirección coloca al coche donde le decimos gracias a un eje delantero que trabaja a las mil maravillas, mientras que los frenos se muestran muy eficaces.

  • Ficha Técnica Mini Clubman Cooper S

Motor: Gasolina, cuatro cilindros en línea

Cilindrada: 1.998 cm3

Potencia: 192 CV a 5.000 rpm

Par: 280 Nm a 1.250 rpm

Velocidad Máxima: 228 km/h

0-100 km/h: 7,2 seg.

Consumo (urbano/extraurb./mixto): 7,9 / 5,2 / 6,2 l/100 km

Emisiones CO2: 144 gr/km

Dimensiones: 4.253 / 1.800 / 1.441 milímetros

Maletero: 360-1.250 litros

Peso: 1.435 kg.

Cambio: Manual, de seis velocidades

Depósito: 48 litros

Precio: 30.000 euros

Ahora bien, la sonrisa que se dibuja en tu cara en ese instante quizá desaparezca al ver que la cifra de consumo está rozando los 10 l/100 km. Un valor demasiado alto pero que se debe a nuestra insistencia por circular en marchas más cortas y apretar más y más el pedal del acelerador. Pero no te alarmes, porque en condiciones normales, o incluso con el modo ‘Green’ activado, lo normal es que el gasto no supere los 7 l/100 km, que podrá ser mucho menor si nuestra activad se centra en largas rectas pero… ¿para qué tener un Mini si no es para disfrutarlo por curvas?

 

@AutoScout24ES

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