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Reportaje: Seguridad

Reportaje: Seguridad

La estructura del coche, clave en la seguridad

23.01.2017

Fabricar un automóvil prácticamente indestructible es técnicamente posible. Los avances técnicos y las nuevas formas de construcción han permitido reducir significativamente el daño sufrido en el vehículo tras un accidente.

Hay quien piensa que los coches de ahora son casi indestructibles. Más aún si los comparamos con los de hace unos años, tal y como te mostramos en un vídeo hace unas semanas, donde dos Chevrolet, uno del 2009 y otro de los años 50, chocaban frontalmente. El resultado fue clarificador pues aunque el ‘Chevy’ antiguo sufrió muchos más daños, el moderno no se quedó corto.

Sin embargo, la evolución en términos de accidentes y seguridad ha variado mucho, para mejor, en las últimas décadas. Las grandes inversiones monetarias han permitido que la seguridad se haya duplicado en los vehículos, los cuales, han pasado de ofrecer únicamente los cinturones de seguridad, a estar rodeados de un sinfín de elementos y materiales que te salvan, literalmente, la vida en caso de sufrir un accidente.

Reportaje Seguridad

Desde el ABS hasta los airbags, pasando por el control de estabilidad ESP/ESC a los reposacabezas activos, sin olvidar, los capós activos o los múltiples y novedosos sistemas de asistencia a la conducción. En efecto, en el último lustro hemos sido testigos de la evolución de las ayudas electrónicas, que evitan o, en su mayor parte, minimizan las posibilidades de sufrir un percance. El resultado, como evidencian los ensayos realizados por los diferentes organismos de seguridad, véase EuroNCAP o el IIHS norteamericano, lo constatan: el salto en esta parcela ha sido exponencial.

Deformación programada

Ahora bien, tampoco debemos pasar por alto la estructura de los vehículos. Uno de los avances que más ha conseguido atenuar las consecuencias de los accidentes de tráfico es el desarrollo de las zonas de deformación programada. En otras palabras, las partes del coche que reducen el impacto que llega a los pasajeros tras el golpe, ya sea contra otro vehículo, una vuelta de campana o, por ejemplo, una ladera tras una salida de vía.

Por ello, desde hace tiempo, los fabricantes detectaron que ciertos puntos de la carrocería debían ‘cambiar su forma’ para absorber la mayor cantidad de energía posible y así limitar el impacto en órganos vitales del cuerpo humano, como el cerebro y los pulmones. Dichas zonas están construidas con materiales más flexibles, capaces de disipar el impacto evitando que los pasajeros queden atrapados. El ejemplo claro llega, de nuevo, en la prueba de impacto entre los dos Chevrolet. En el más moderno, el Malibú de 2009, la zona delantera quedaba totalmente replegada, como si se tratase de un acordeón, mientras que en el clásico, el Bel Air de 1959, esa absorción brillaba por su ausencia.

 

@AutoScout24ES

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